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Marcelo Anabalón

Tengo doble Personalidad


Anécdota

El Predicador
A las sazones de la terrible caída de las torres gemelas un predicador se acercó a la estatua a la cual los puntarenenses “adoraban” dejándole monedas en un tarro. El ministro comenzó a alzar la voz en prédica. Ya que el hombre daba la espalda a la “estatua”, ésta apoyaba los argumentos con mímica, lo que causaba la risa general del público. El inocente predicador se giraba para ver qué ocurría pero Marcelo se “congelaba” obedeciendo a su estatus de estatua, para luego continuar complementando el ministerio del predicador por medio de ademanes.

Es de esperar que el oro nunca se acabe, que con picar un par de veces en el centro de la ciudad encuentre siempre el tesoro que sólo las personas pueden dar.


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