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Panteón vestido de blanco

por Marcelo Kunstmann

Recuerdo que fue en una de estas últimas nevadas, un día de semana, cuando caminé por algunas horas recorriendo los rincones de cada callecilla en busca de algún detalle, un ángulo, una luz o una sombra que fuera nueva para mí, y para sorpresa mía, encontré muchas. Es interesante cómo la perspectiva cambia y lo que en una calle te atrae, en la próxima te llama aún más la atención.

El viento va moldeando la nieve formando caprichosas líneas sinuosas que le dan ritmo a cada cuadro. Las copas de los árboles se cubren de blanco como niños recién peinados en camino a la escuela o como helados recién bañados en chocolate blanco.

La magnificencia y fastuosidad de sus mausoleos antiguos toman vida al acentuarse sus fuertes y oscuros colores intensificados por el contraste con la nieve. Las sobrias y bien cuidadas sepulturas de las más diversas características adquieren carácter y transmiten sensaciones de nostalgia al ver cómo el frío y la humedad hacen transpirar el vidrio que protege una foto de antaño que recuerda el amor de una pareja que yace unida bajo tierra. Hermosas obras de arte, producto de las manos de artistas desconocidos u olvidados, toman forma de ángeles que parecen congelados por el frío magallánico bajo la sombra de un vestido blanco de agua caído del cielo.

La suma de todos estos fríos y melancólicos elementos resulta en un lugar magnífico que posee una extraña belleza que ya es parte del inventario histórico y turístico de Patagonia.

Te invito a iniciar uno de los recorridos más fascinantes por las calles y avenidas del Panteón de Punta Arenas. A ver si me acompañas...


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