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Un desafío para todos

Cómo disfrutar de mayor bienestar, ahorrando energía


En este mismo uso energético hay que saber que para recorrer una misma distancia, un auto que se desplace a 120 km/h consumirá una cuarta parte más de combustible que si hace el recorrido a 90 km/h, velocidad que es la más adecuada para una carretera en buenas condiciones. Compruébelo usted. Además, y esto va por la gente joven, un accidente a 90 km/h puede ser grave, pero a más de 120 km/h puede ser gravísimo, la diferencia entre ambos quizás sea una vida.

En el futuro se extenderán los autos de bajo consumo, los vehículos de tracción híbrida o quizás los eléctricos o eventualmente los de hidrógeno; serán más eficientes y emitirán menos CO2. De momento hemos de pensar en lo que tenemos en nuestras manos y recordar que cada litro de gasolina o diésel consumido supone una emisión de aproximadamente dos kilos y medio de CO2; quizás nos convendría recordar que para avanzar en el cuidado de la Tierra no debiéramos emitir de promedio más de una tonelada y media al año por persona en la movilidad. Desafortunadamente algunos, como el que esto escribe, estamos muy por encima de esa cifra.

En una vivienda, o en un hotel, el mayor consumo de energía es la calefacción del mismo, seguida del agua caliente sanitaria; entre ambas nos acercamos a las dos terceras partes del consumo total en el edificio. Podemos y debemos recordar tiempos más austeros en ese calentamiento de la vivienda, no llevarla a temperaturas excesivamente confortables, retornemos a esos hogares de la infancia de los que hoy somos personas mayores, cuando en invierno había que llevar en casa alguna prenda de abrigo.

Pasar en un edificio de una temperatura en invierno de 21ºC a 24 ºC puede suponer más de un tercio de la energía total que utilizamos en calefacción. A veces ciertas circunstancias particulares nos pueden demandar una temperatura alta, pero reconozcámoslo, muchos podemos estar confortables a 21ºC o incluso a menos temperatura mientras fuera de la casa o del hotel hace frío.

El uso de agua caliente sanitaria supone uso de energía en calentarla y además consumo de dicha agua. Me comentan los psicólogos que la gente responde mejor a las campañas de ahorro de agua que a las de energía, todos asociamos el agua a la naturaleza, al hecho de que llueva o nieve o a las sequías prolongadas; pero la energía la vemos como un servicio industrial, que pagamos y que unas empresas que ganan mucho dinero nos proporcionan. Nos es más difícil asociar energía y naturaleza, pero el calentamiento global desgraciadamente lo está haciendo.


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