• Página 2 de 4

Un desafío para todos

Cómo disfrutar de mayor bienestar, ahorrando energía


Parece que hemos de poner remedio a esta situación, sobre la cual sería necesario en primer lugar que nos dieran la información más clara y fiable que se disponga. Luego hay que pedir a los gobiernos, universidades y empresas que trabajen para conseguir soluciones energéticas alternativas a los combustibles fósiles; aunque a quien escribe estas notas, sus años le dicen que los cambios tecnológicos en energía tardan décadas en madurar y no tenemos ese tiempo de espera si queremos evitar una grave crisis social y ambiental.

Desde la ciudadanía la opción que tenemos frente a todo ello es ser usuarios eficientes de la energía, no despilfarrarla. Para ello podemos apoyarnos en medios tecnológicos, pero sobre todo en el cambio de nuestras actitudes frente al consumo de energía. Para actuar es necesario saber cuáles son los conceptos que demandan mayor volumen de energía en nuestra vida cotidiana, aquí nos vamos a referir a dos muy significativos: la movilidad y la calefacción.

Si tomamos un entorno de actividad, por ejemplo un centro educativo o un área comercial, y valoramos los aportes de energía para hacerla efectiva nos encontraremos que por término medio el desplazamiento supone como orden de magnitud la mitad o más del consumo total de energía, la cual además mayoritariamente será un derivado del petróleo. Podemos reflexionar cuáles son esas formas de consumo y sus demandas relativas:

El transporte en un medio colectivo supone un mayor grado de eficiencia energética. Evidentemente nos da menos flexibilidad en esa movilidad, quizás nos demande más tiempo para hacer el viaje, pero el consumo energético por cada persona desplazada será sensiblemente menor. El automóvil privado sólo se acerca a un valor similar de consumo si dicho auto es pequeño, de bajo peso, y además lo ocupan al menos cuatro personas. En las ciudades vemos con frecuencia autos de gran peso, propios para los desplazamientos por caminos de ripio o en el campo; no reflexionamos en que con estos vehículos para mover una persona, cuyo peso está entre sesenta y cien kilogramos, desplazamos inútilmente más de dos mil kilos de hierro. Esto nos lleva a pensar en la conveniencia de utilizar autos pequeños y con ocupación alta, por ejemplo compartiendo el vehículo con uno o dos compañeros para desplazarnos a nuestro trabajo o diversión.


Publicidad