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Ecos de una tradición

La Marca de Animales


Con ayuda de otros “peones”, se mantiene al animal inmóvil. Este es el momento en que el “marcador” se apresura, con fierro en mano, a estampar el sello de su estancia en el costado del animalito. Se requiere habilidad y experiencia ya que la marca debe quedar adecuadamente impresa en el cuero, traspasándolo, en un contacto que sólo dura uno o dos segundos.
Después de haberlo marcado, el que sostiene la cabeza del animal procede a “señalarlo”; es decir, produce un corte en la oreja del ternero con la “señal” de la estancia. En los machos va en la oreja derecha y en el caso de las hembras en la oreja izquierda. Después de esto se puede decir que el animal está “marcado”.

Dependiendo de la cantidad de ganado, la marca puede tomar varias horas. Son más de las 2 de la tarde y la faena ya se acaba. Se siente un ambiente de hambre, y después de un par de gritos al maestro parrillero en forma de pregunta, éste asienta positivamente y el festín puede comenzar. Es momento para compartir con los amigos. En la parrilla se forma una fila. Con plato en mano esperan un buen trozo de la deliciosa carne. Dentro del quincho, los mesones están adornados con ensaladas de variados colores.
Después de una tarde de paz, volvemos a casa. En el camino, el Estrecho de Magallanes nos maravilla con los reflejos de las nubes sobre él. Quedan así, los vestigios de un soleado día de fines de diciembre, después de marcar, disfrutar un asado y un partido de fútbol amigable y ver a los niños felices correr y asombrarse con los animales.

La vida de campo es placentera, pacífica y libre de estrés. Pero, trabajar en él y mantenerlo no es tan sencillo como parece. Se requiere mucho cuidado de los campos y animales, y el clima, puede ser tanto un aliado como un enemigo.

Hoy los terneros descansarán en el corral, pero mañana por la mañana serán soltados para reunirse con sus madres y partir hacia el campo de verano.


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