La tarea inicial consiste en reunir los pequeños vacunos, separándolos de sus madres sólo por un día, para conducirlos en grupo hacia el corral. Siempre hay por ahí alguno un poco más asustadizo que se separa del grupo. Allí parte uno de los hábiles jinetes a corretearlo para llevarlo con sus pares.
Mientras se reúnen los terneros, -nombre que se les da a los vacunos jóvenes- en el corral de marca, se prende fuego en una especie de chulengo. Se mantiene con suficiente leña para mantener ardiendo las brasas que se necesitan para producir la temperatura adecuada para los fierros de marca. Ya que el momento de marca dura sólo unos segundos dichos fierros deben mantenerse calientes.
Mientras tanto, los niños juegan alegres por el campo asombrados por los caballos y por la cantidad de animales, las mujeres conversan en el quincho y al mismo timpo hacen los preparativos para el almuerzo. Una tradicional labor de campo como ésta no puede culminar sino es con un buen asado.
Ya son cerca de las 12 del día y Domingo (no el día, sino el maestro parrillero) se encuentra haciendo las brasas, no para la marca, sino para echar las carnes de un vacuno fresco sobre el gran fierro y así deleitar a los comensales luego de terminar la faena.
Volvamos al corral de marca. Aquí, los más jóvenes se acercan a las galerías desde donde pueden ver el espectáculo y a los hombres demostrando su destreza. Ya están reunidos más de 100 terneros que serán marcados.
Los fierros de marca están calientes y los hombres se aprestan para comenzar. Primero, se lacea el ternero, lo que significa ponerle el lazo en el cuello. El otro extremo del lazo se pasa por el palenque -un gran poste de madera- que se encuentra en el centro del corral. Los hombres tiran fuertemente del lazo hasta acercar al animal lo máximo posible hacia el palenque para mantenerlo en control. Luego, uno de los fortachones toma al animal por el costado intentando tumbarlo para que caiga a tierra y así poder apialarlo; esto es, unir sus patas traseras con un lazo hasta que quede en posición horizontal y tendido en el suelo. Sobran las bromas cuando más de alguno que pretende tumbar al ternero no lo logra. Aun después de varios intentos, sólo consigue un poco de sudor y las risas de los amigos presentes.